Anabelle se masturba rabiosa frente al espejo
La habitación estaba en penumbra, solo el reflejo de la luna iluminaba el espejo grande donde Anabelle se paró, descalza y con los pezones duros bajo la blusa transparente. Se quitó la ropa con rabia, tirando las prendas al suelo como si fueran de otro hombre, el que la había dejado con las ganas. Sus dedos se deslizaron por su coño depilado, ya mojado de solo pensar en la venganza, en cómo se correría mejor que él. Se miró en el espejo, mordiéndose el labio mientras se abría más, sintiendo cómo sus dedos entraban hasta el fondo, rozando ese punto que la hacía gemir sin control. Agarró un vibrador de la mesita, lo encendió al máximo y lo presionó contra su clítoris hinchado, moviéndolo en círculos mientras su respiración se volvía más agitada. Sus tetas pequeñas rebotaban con cada movimiento, los pezones duros como piedras, y sus muslos temblaban de placer. Se corrió con un grito ahogado, el vibrador aún vibrando contra su coño palpitante, y se quedó mirando su reflejo, sabiendo que la próxima vez sería aún más intenso. La próxima vez, no estaría sola.