Bibliotecaria japonesa de tetas grandes en medias te monta como una diosa
El sonido de sus tacones resonaba en la sala vacía mientras sus tetas rebotaban frente a mí, pero lo que más me excitaba era el riesgo de que alguien entrara y nos pillara con las manos en la masa. Le arranqué las medias con los dientes, dejando al descubierto su coño ya mojado, y sin perder tiempo le clavé la polla hasta las pelotas mientras ella gemía bajito, tapándose la boca para no gritar. Cada embestida la hacía chocar contra los estantes, los libros temblando con el ritmo de sus gemidos ahogados. Cuando la puse en cuatro patas, su culo apretado me recibió como un guante, y no pude evitar azotarle las nalgas mientras la penetraba en misionero, escuchando sus susurros de 'más duro' entre dientes. El peligro de que alguien nos escuchara solo me ponía más cachondo, así que la hice correrse dos veces antes de sacarme y llenarle la espalda de leche caliente, marcándola como mía. Al final, mientras se limpiaba con un pañuelo, me miró con esa sonrisa pícara y me dijo: '¿Y ahora qué, profesor? ¿Otra ronda antes de que llegue el director?'.