Chiquita sumisa me pidió grabar este polvo
Desde que la vi llegar con esa mini falda ajustada al campus pensé que tarde o temprano acabaría metiéndola hasta el fondo. Hoy la universitaria de tetas pequeñas no aguantó más y me susurró al oído: 'Grábame, por favor, quiero sentirte toda la noche después'. Sin pensarlo dos veces la empujé contra el colchón de mi cuarto universitario, le arranqué el tanga de encaje que apenas cubría su conejito empapado y le escupí en el coño para que supiera que esta iba a ser una follada de verdad. Ella gimió fuerte cuando mi verga dura le abrió las piernas como un machete, sintiendo cómo su carne rosada se estremecía al contacto con mi piel caliente. La agarré de las caderas con fuerza y la puse a cuatro patas, embistiéndola tan rápido que sus tetas pequeñas rebotaban como dos uvas maduras cada vez que mi polla entraba y salía de su coño estrecho y resbaladizo. Los gemidos se le escapaban entrecortados, mezclados con maldiciones cuando le clavé los dedos en las nalgas para dominarla por completo, sintiendo cómo su agujero se abría sin resistencia para recibirme hasta la raíz. De pronto me pidió que la volteara para sentirme mejor, así que la tumbé boca arriba y me puse encima, ordeñando sus pezones rosados con la boca mientras mis embestidas le sacudían todo el cuerpo. Cuando noté que estaba a punto de correrse, le tapé la boca con la mano para que no despertara a los vecinos y aceleré el ritmo hasta que sus piernas temblaron y su vientre se contrajo en espasmos al sentir mi leche caliente llenándole la garganta. Ella tragó cada gota sin dejar ni una gotita, lamiéndose los labios con una sonrisa pícara mientras yo le acariciaba el pelo sudado, sabiendo que esta grabación iba a ser su perdición.