Clarissa domina a Steven Hard en un polvo interracial salvaje
El olor a sudor y lujuria impregnaba el aire cuando me arrodillé frente a ella, sabiendo que esto estaba mal pero sin poder parar. Clarissa, con su cuerpo de infarto y esa mirada de puta que lo sabe todo, me ordenó chuparle el coño hasta que gimiera como una perra en celo. Yo obedecí, metiendo la lengua hasta el fondo mientras ella me agarraba del pelo, tirando con fuerza cada vez que mi boca no la complacía. Después, me dejó empotrarla contra la pared, su culo apretado recibiendo mi polla como si fuera la última vez. En más de 10 minutos de escena, la follé por todos lados, escuchando sus gemidos ahogados cada vez que la penetraba hasta las pelotas. Al final, me corrí en su boca mientras ella me miraba con esa sonrisa de satisfacción, sabiendo que había ganado otra vez. Quedó un charco de semen en el suelo junto a su tanga roto.