Dos rubias maduras necesitan verga negra
Llevaban meses cotilleando en el grupo de WhatsApp del edificio cuando una noche, después de tres copas de más, se atrevieron a subir una foto con las tetas fuera. El mensaje no tardó ni cinco minutos en llegarle a él: un moreno de polla gruesa que se moría por estrenar su verga en coños de europeas que llevaran años sin que se las empotraran bien. La primera en dejarse caer de rodillas fue la más alta, una morena de culo generoso que le lamió las pelotas hasta que el prepucio le quedó brillante de babas. La segunda, una rubia de tetas enormes, le agarró la verga con las dos manos y se la metió hasta la garganta mientras gemía como una puta en celo. Él no pudo resistirse y le clavó los dedos en las caderas mientras le embestía el coño sin piedad, haciendo que le temblaran las tetas con cada empujón. La rubia, con la boca llena de verga, no paraba de gritar que se la metiera más hondo mientras él le apretaba el culo redondo hasta dejarle marcas de dedos. La morena, empapada de sudor y de jugos, se tiró sobre la cama y se abrió de piernas para que él la follara por detrás, con las nalgas temblando cada vez que le metía hasta el fondo. Los gemidos se mezclaban con los golpes de carne contra carne mientras la verga negra desaparecía una y otra vez entre sus muslos mojados. La rubia, exhausta, se corrió chorreando sobre la sábana mientras él le llenaba el coño de leche caliente, y la morena no tardó en seguirla con un orgasmo que le hizo arquear la espalda como una gata en celo. Los tres quedaron tirados en la cama, jadeando, con los cuerpos pegajosos y las bocas llenas de restos de corrida y babas. La rubia, aún con la verga dentro, le susurró al oído que quería que le la metiera otra vez antes de que se enfriara el cuerpo.