Dos tetonas calientes se tragan lefa en el hotel
La rubia de curvas explosivas no podía quitarle los ojos de encima a su compañera de habitación mientras esta se desnudaba frente al espejo del baño, mordiéndose el labio con esa mirada de puta hambrienta que solo tienen las que saben lo que quieren. Cuando la morena de culo prieto le agarró la polla con esas manitas ágiles y se la metió hasta la garganta sin pensarlo dos veces, la rubia soltó un gemido ronco y se le escapó un hilo de baba por la comisura de los labios mientras le agarraba el pelo para empotrarle la cabeza contra su entrepierna, chupándosela como si fuera el último trago de leche que le queda en la vida. La morena, con esos pechos que rebotaban como gelatina cada vez que se movía, le escupió un gargajo espeso sobre la polla antes de lamerle las pelotas con esa lengua juguetona que le hacía temblar las piernas, mientras la rubia ya se quitaba el tanga empapado y se agachaba para que le metieran los dedos en el coño mojado hasta los nudillos. No tardaron ni un segundo en tirarse sobre la cama, la morena boca arriba con las piernas abiertas mostrando ese coño peludo y brillante que olía a sexo y sudor, mientras la rubia le clavaba la cara justo donde más le gustaba, lamiéndole el clítoris como si fuera un helado derretido hasta que la morena empezó a gritar como una posesa y se corrió empapándole toda la boca. Pero eso no era suficiente: la rubia se subió encima de ella montándola como una amazona, con esa polla de la morena bien dura y lista para partirla en dos, mientras le susurraban obscenidades al oído entre gemidos y resoplidos, hasta que la morena le apretó el culo con fuerza y se la empotró tan hondo que la rubia sintió cómo le llegaba hasta el estómago y se le escapó un chorro de leche por la boca que le resbaló por la barbilla. Lo que siguió fue pura locura: se turnaron para correrse en la cara, en la boca, incluso una se dejó llenar las tetas de leche caliente mientras la otra le lamía los pezones tiesos hasta dejárselos brillantes. Al final, entre risitas y sudor pegajoso, se quedaron tiradas en la cama con las piernas temblorosas, las bocas hinchadas y los coños tan abiertos que se les veía hasta el fondo, sintiendo cómo el semen les escurría por los muslos mientras se daban besos húmedos y asquerosos, sabiendo que este no sería el último round de esa noche de hotel llena de pecados.