Ella cabalga mi verga con puro gusto
La morena se sentó encima de mi polla dura y empezó a mover el culo redondo como si no hubiera mañana, sus tetas saltando al ritmo de cada empellón que le clavaba desde abajo. No aguanté ni dos minutos antes de agarrarle las caderas con fuerza y clavársela hasta el fondo, sintiendo cómo su coño se apretaba alrededor de mi verga como un puño caliente y mojado. Ella gritó como puta descontrolada cuando notó que le llegaba hasta las entrañas, sus gemidos agudos mezclándose con el sonido húmedo de la carne chocando contra su carne. Le agarré el pelo y le tiré la cabeza hacia atrás para lamerle el cuello mientras le alargaba la polla a fondo, sintiendo cómo su culo se abría como una flor para recibirme mejor. Cada vez que se la metía hasta el tope, ella soltaba un quejido ronco y yo notaba cómo su coño chorreaba más y más, empapándome los huevos de su excitación sin parar. La cambié de posición sin sacársela y la puse a cuatro patas sobre la cama, empotrandosela por detrás con todas mis fuerzas mientras le azotaba el culo hasta dejarle la marca roja de mis manos. Sus gritos se volvieron más desesperados, pidiendo más, suplicando que no parara, y yo obedecí con saña, clavándosela una y otra vez hasta que sentí que sus piernas temblaban y su coño se contraía como si estuviera a punto de reventar. Cuando noté que ya no podía más, la levanté del culo y la volví a sentar encima de mi verga, esta vez más lenta y sensual, dejando que ella controlara el ritmo mientras se la tragaba centímetro a centímetro. Noté cómo su coño me succionaba cada vez que se bajaba, sus muslos temblorosos y sus jadeos roncos diciéndome que estaba a punto de correrse, así que le agarré las tetas y se la metí hasta el fondo un par de veces más antes de soltarme dentro de ella con un rugido ahogado, llenándola de leche caliente mientras ella se corría gritando mi nombre entre sollozos. El último empujón la dejó temblando, el coño aún palpitando alrededor de mi polla flácida mientras se dejaba caer sobre mi pecho, jadeante y sudorosa, con las piernas temblorosas y la cara roja de tanto gemir.