Esposa puta Marcelle Pimenta pide el anal sin parar
"Esto está mal pero mi cuerpo ya tiembla de ganas" confesó Marcelle Pimenta justo antes de arrodillarse frente a la polla gruesa que le ofrecían. Ella me miró directo a los ojos mientras me contaba cómo el aroma de ese miembro la volvía loca y le hacía olvidar que era la esposa de su mejor amigo. Sus labios gruesos rodearon la punta y empezó a chupar con lentitud provocadora, lamiendo cada vena mientras su lengua jugaba con el glande. El deseo prohibido la consumía por dentro y aun así abrió las piernas para que le acariciaran el coño ya resbaloso. En más de 10 minutos de escena la escena subió de tono cuando la colocaron en cuatro y sintieron cómo la cabeza de la polla empujaba contra su ano apretado hasta abrirlo de una estocada. Gemía alto pidiendo más profundidad mientras le follaban el culo con ritmo constante y ella se tocaba el clítoris hinchado para intensificar cada sensación. El trasero grande rebotaba con cada embestida y sus tetas naturales se mecían al compás del movimiento. El placer culpable la atravesaba porque sabía que traicionaba a su marido y aun así rogaba que no pararan de meterla entera. Marcelle Pimenta sentía el calor subir por su vientre hasta que el orgasmo anal la sacudió con fuerza y contracciones que le apretaron la polla dentro. Al final pensó que volvería a caer en la misma tentación porque la culpa solo hacía que el placer fuera más intenso.