Jenny la caliente quiere follar sin parar en casa
Jenny llegó con su culo bien redondo haciendo temblar el jean ajustado mientras se quitaba los zapatos mojados de babearse al verlo desde la puerta. El muy cabrón ni se inmutó cuando ella se tiró encima del sofá con esa barriga que le rebotaba al caminar, solo le sonrió con esa sonrisa de macho que sabe que va a dejarla más mojada que el coño de una virgen en su primera vez. Le agarró las tetas gordas con ambas manos y le mordió el cuello sudado mientras ella gemía como puta en celo, pidiéndole a gritos que le empotrara ese culo gordo contra el mueble hasta que crujiera. Él no necesitó más invitación: le arrancó el tanga negro de un tirón y le escupió en el coño empapado antes de clavarle la polla dura hasta el fondo, sintiendo cómo el coño se le abría como una fruta madura bajo sus embestidas brutales. Ella chillaba como loca, con los pies descalzos pataleando en el aire mientras él le agarraba las nalgas para hundirse más hondo, cada embestida haciendo que el culo le temblaran como gelatina. Jenny le suplicó que le llenara el coño de leche caliente mientras se retorcía bajo su peso, pero él prefirió girarla boca abajo y empotrarle el culo sin piedad, sintiendo cómo el sudor le resbalaba por la espalda ancha mientras sus nalgas chocaban contra su pelvis con un sonido húmedo y obsceno. Los gritos se volvieron roncos cuando él le agarró los pies sudados y se los restregó contra la polla resbaladiza antes de correrse sobre ellos, dejando su leche espesa cubriendo los dedos y el empeine mientras ella se corría sin parar, con el coño goteando sobre el sofá. Cuando por fin se dejó caer a su lado, Jenny respiraba como si hubiera corrido un maratón, con las piernas temblorosas y el cuerpo cubierto de marcas de dientes y uñas, pero con una sonrisa de oreja a oreja mientras le lamía la polla flácida para no desperdiciar ni una gota de su corrida.