La morena Alejandra se deja empotrar fuerte por su novio
Alejandra, la morena de curvas explosivas y culito prieto, llegó a casa después del trabajo con un vestido ajustado que le marcaba cada centímetro de su cuerpo de diosa. Brian, su novio cachondo, no pudo resistirse al ver cómo el escote de su camiseta transparente dejaba ver esos pechos enormes y firmes que tanto le volvían loco. Sin perder un segundo, la agarró por la cintura y la estampó contra la pared del pasillo, arrancándole un gemido ahogado mientras sus labios se fundían en un beso brutal. Ella, con esa actitud de puta dominante que tanto excita a su hombre, le mordió el labio inferior y le susurró al oído: 'Hoy me vas a follar como a una perra, Brian, y no vas a poder parar hasta dejarme bien llena'. Sin más preámbulos, él le levantó el vestido hasta la cintura, le bajó el tanga de encaje rosa y le hundió la cara entre sus muslos, lamiendo ese coño mojadísimo que ya goteaba de puro deseo. Alejandra jadeó con fuerza, enredando los dedos en su pelo mientras él le chupaba el clítoris con movimientos circulares que la hacían arquear la espalda y soltar maldiciones entre gemidos. '¡Ay, qué rico, coño!', gritó ella, empujando su cabeza contra su entrepierna para que no parara. Brian, con la polla dura como un fierro, se bajó el pantalón y dejó al aire esa verga gruesa y sin circuncidar que tanto le gustaba a su morena, lista para ser penetrada. La empujó contra el sofá, la puso a cuatro patas y, sin aviso, le clavó la verga hasta el fondo, arrancándole un alarido de placer que resonó por toda la casa. '¡Sííí, así, empótrame más fuerte, cabrón!', le exigió Alejandra mientras él le agarraba las caderas y le daba embestidas brutales que hacían temblar sus nalgas redondas como gelatina. Cada golpe de cadera resonaba en el salón junto con el sonido húmedo de sus cuerpos chocando, los mojados chapoteos de su coño bien abierto y los gritos de ella suplicando más. Brian, al borde del clímax, le dio la vuelta y la tumbó boca arriba, subiéndole las piernas hasta sus hombros para penetrarla en posición de misionero con una profundidad que la dejó sin aire. 'Me vas a hacer correrme, puta', gruñó él mientras aceleraba el ritmo, sintiendo cómo su verga se hinchaba dentro de ese coño estrecho que lo apretaba como un puño. Alejandra, con los ojos vidriosos y la boca entreabierta, se corrió gritando su nombre, empapando la polla de Brian con sus jugos mientras él, sin poder aguantar más, se descargó dentro de ella con un gruñido animal, llenándola de leche caliente hasta que ambos cayeron exhaustos sobre el colchón, sudados, jadeantes y con las piernas temblorosas.