La perra de Tim Monster Cock me llenó de leche sin parar
Llegué a casa sin bragas, sabiendo que él me esperaba con esa polla monstruosa lista para castigarme. No era la primera vez que me follaba así, pero hoy quería que me tratara como a una puta barata, que me humillara hasta que mi coño ardiera. Me arrodillé frente a él, abriendo la boca para que me metiera la verga hasta la garganta, sintiendo cómo me ahogaba con cada embestida. Sus manos me agarraban el pelo, tirando con fuerza mientras me escupía en la cara y me obligaba a tragar su saliva. No podía respirar, pero no quería que parara. Cuando me levantó y me empotró contra la pared, sus dedos me apretaban los pechos mientras me penetraba con furia, haciendo que mis gemidos rebotaran en las paredes. Cada vez que me llenaba, sentía su leche caliente corriendo por mis muslos, pero él no se detenía, quería más, siempre más. Me di cuenta de que lo hacía para demostrarle a mi ex que yo ya no le pertenecía, que ahora era propiedad de este semental que me destrozaba sin piedad. Cuando finalmente se corrió dentro de mí, me dejó temblando, con el coño palpitando y la mente llena de pensamientos sucios. Sabía que al día siguiente volvería a buscarme, porque ahora era su perra sumisa.