La putita se corre gritando con mi polla dentro
La morrita de tetas grandes y culito respingón no pudo aguantar más cuando le enterré la verga hasta las bolas en su conejito bien empapado, la muy viciosa gemía como una perra en celo mientras le clavaba los dedos en las caderas para empujarla más contra el sofá. Tenía los pezones duros como piedra, le temblaban las tetas blandas cada vez que la embestía fuerte, y su coño chorreante no dejaba de contraerse alrededor de mi tronco grueso que le estiraba el agujero deliciosamente. No contenta con eso, se llevó una mano a la boca para ahogar los gritos cuando le empecé a lamer y morderle los pezones mientras le entraba y salía la verga con movimientos lentos y profundos, sintiendo cómo sus jugos resbalaban por mis bolas pesadas. Entre jadeos y maldiciones, me pidió que la llenara hasta arriba, que la hiciera explotar, y yo no podía negarme a una petición tan caliente. Con un último empujón brutal, le metí la polla hasta el fondo y sentí cómo se le contrajo el útero cuando se corrió como una loca, empapándome las pelotas con su leche espesa mientras yo le soltaba mi carga bien adentro, dejándola temblorosa y satisfecha con el coño lleno hasta los topes. La muy zorra ni siquiera se movió cuando le saqué la verga, solo se quedó ahí jadeando, con los muslos pegajosos y las tetas sudadas pegadas a su vientre, mientras le acariciaba el culo redondo que se le veía marcado por mis embestidas. Todavía le temblaban las piernas cuando se dio la vuelta y me miró con esos ojos de locura, pidiendo más sin decir ni una palabra, como si supiera que esta vez no me iría hasta dejarla bien destrozada. Me acerqué y le lamí los labios hinchados por los besos que me había dado mientras yo le follaba la boca con fuerza, sintiendo el sabor salado de su saliva mezclado con el mío, y ella no dudó en abrir bien la boca para chuparme la polla otra vez hasta dejarla reluciente. Con un suspiro de placer, se dejó caer de espaldas sobre el colchón y me pidió que le metiera el vibrador gordo por el culo mientras me seguía mamando, así que no dudé en encenderlo y sentir cómo se le ponía el culito morado mientras se retorcía de gusto. Entre gemidos y susurros, me confesó que llevaba semanas soñando con esto, con que la llenara entera y la hiciera gritar hasta quedarse afónica, y yo no podía más que reírme mientras le metía un dedo en la boca para que lo mordiera cada vez que le daba una embestida fuerte. Cuando por fin nos corrimos juntos, ella quedó tirada en el suelo, con las piernas abiertas y el coño goteando leche por las dos entradas, mientras yo me limpiaba el sudor de la frente y le decía que la próxima vez le ataría las manos para que no pudiera tocarse sin permiso. La muy puta solo sonrió, con los labios hinchados y los ojos vidriosos, y me prometió que la próxima vez sería aún peor.