Mujer madura se masturba en el sofá con juguetes
La morena de tetas grandes y culo prieto llevaba días con el coño ardiendo cada vez que recordaba cómo le había puesto los cuernos a su marido con esa vecina rubia... Hoy no iba a aguantar más, así que se quitó el vestido ajustado que le marcaba hasta el más mínimo lunar y se tiró en el sofá como una perra en celo. Con los dedos resbaladizos de jugos, se abrió los labios de su concha depilada para que el consolador morado brillara bajo la luz de la lámpara y no tuviera que esperar ni un segundo más. La punta le temblaba contra el clítoris hinchado mientras se imaginaba que era la verga gruesa de su amante británico apretándole el coño hasta dejarla sin aire. Cada vez que el vibrador le rozaba el punto G, soltaba un gemido agudo que le sacudía los pechos caídos y le hacía arquear la espalda como si ya se estuviera corriendo. Los jugos le chorreaban por los muslos hasta manchar el cuero negro del sofá mientras se metía otro juguete por el culo, que se le abría como una boca hambrienta lista para recibir más castigo. Entre susurros obscenos y jadeos que le salían desde el fondo de la garganta, se corría una y otra vez con los muslos temblorosos, dejando manchas de leche espesa sobre las sábanas que ya olían a sexo y a desesperación. Cuando por fin la polla de silicona la atravesó hasta lo más hondo, se quedó quieta con los ojos en blanco y la boca abierta en un grito mudo, sintiendo cómo el orgasmo le quemaba las entrañas como un fuego lento. La escena quedó grabada en su memoria para siempre, junto al sabor salado de su sudor mezclado con el aroma a hembra en celo que inundaba la habitación.