Músculos negros follan duro en la cama
El tipo musculoso con la barba negra y la piel bien oscura entró al cuarto como si supiera que ella ya estaba lista para lo que viniera. La peli negra le caía sobre los hombros mientras se quitaba la camisa, dejando al descubierto un pecho lleno de sudor y tatuajes que brillaban bajo la luz tenue. Ella, con el coño empapado desde que lo vio poner los pies sobre la silla, no pudo resistirse y se le tiró encima antes de que él siquiera cerrara la puerta. El negro la agarró fuerte por el culo, levantándola como si no pesara nada, y la empotró contra la pared mientras le lamía los pezones con esa lengua gruesa y caliente. Ella gritó tan fuerte que hasta el vecino de abajo debió haberla escuchado, pero a él no le importó: le arrancó el vestido de un tirón y le metió dos dedos bien adentro mientras le susurraba al oído lo putita que era y lo mucho que le encantaba su coño apretado. La cama crujía bajo sus embestidas brutales, los muslos de ella temblaban cada vez que él le penetraba hasta el fondo, sacándole gemidos roncos que mezclaban placer y dolor. Él le mordisqueaba las tetas mientras le chupaba los labios con voracidad, y cuando ella ya no pudo aguantar más, le ordenó que se arrodillara para mamársela sin piedad. El negro se la tragó toda, sintiendo cómo su polla le rozaba la garganta con cada embestida, hasta que ella no pudo más y se corrió encima de su lengua, gritando su nombre mientras los jugos le resbalaban por la barbilla. Pero él no se quedó ahí: la volteó boca abajo, le agarró las caderas y le metió la verga hasta las bolas, haciéndola aullar como una perra en celo mientras le llenaba el culo de semen caliente que escurría por sus muslos. El cuarto olía a sexo, a sudor y a ese aroma intenso que dejaba su piel oscura pegajosa de tanto sudar, y los dos quedaron tirados en la cama, jadeando como animales saciados con las sábanas todas mojadas y revueltas.