Padrastro huele el coño de su madrastra y ella lo pilla
El chico joven no podía sacarse de la cabeza el aroma dulce y picante que desprendían las bragas de su madrastra colombiana cada vez que las lavaba. Esa noche, mientras ella dormía profundamente con su culo gordo y redondo aplastado contra el colchón, el muchacho no resistió la tentación y se acercó sigilosamente al cajón donde guardaba su ropa interior. Con las manos temblorosas, separó un par de encaje negro que aún guardaba el calor de su concha mojada y lo llevó a su nariz, aspirando hondo para llenarse los pulmones con ese perfume que lo volvía loco. Pero cuando estaba a punto de correrse de placer imaginando cómo sería lamerle el coño hasta que gritara, la voz ronca y sensual de ella lo heló: —¿Qué coño haces con mis bragas, mocoso? El chico se giró como un resorte, con la polla dura como una roca dentro del pantalón y la cara roja de vergüenza, pero ella no le dio tiempo a disculparse: lo agarró por el cuello de la camiseta y lo empujó contra la pared, mientras sus tetas caídas y pesadas rebotaban con cada movimiento. —Si tanto te gusta mi coño, vas a probarlo de verdad ahora mismo— gruñó, arrancándole los pantalones de un tirón para dejar su verga palpitante al aire libre. Él no pudo evitar gemir cuando ella se agachó y se la metió entera en la boca, chupando con fuerza mientras sus caderas se movían sin control, buscando más. La madrastra, con su culo enorme temblando de excitación, se quitó el camisón y se sentó a horcajadas sobre su cara, aplastándole la nariz contra su concha chorreante antes de empalarse con su propia polla. Las embestidas eran brutales, el sonido de sus cuerpos chocando resonaba en la habitación mientras él la sujetaba por las caderas, sintiendo cómo su coño estrecho lo apretaba como un puño caliente. Ella gritaba cada vez que su clítoris rozaba su pelvis, y él no tardó en correrse dentro de ella, llenándola con chorros espesos que le hicieron temblar las piernas. Cuando ambos cayeron agotados sobre la cama, sudorosos y jadeantes, la colombiana le susurró al oído: —La próxima vez no te escondas, mi amor, este coño es todo tuyo—, mientras le lamía los labios con la lengua cargada de su propio sabor.