Policía cachondo empala a su esposa borracha y cachonda
La muy zorra llegó más borracha que una cubeta de cerveza en un partido de fútbol, con los ojos vidriosos y el vestido pegado a esas tetas enormes que tanto le ponen al cornudo de su marido. Él, con la polla ya dura como un palo desde que la vio tropezar con los tacones, no pudo resistirse y la empotró contra la pared del dormitorio sin darle tiempo ni a quitarse el tanga transparente que apenas le tapaba el coño empapado. Ella soltó un gemido ronco mientras él le agarraba el culo bien redondo, apretando esos cachetes que parecían hechos para que se los partiera a polazos, y se lo clavaba hasta el fondo sin piedad mientras la muy puta le suplicaba que no parara con esa voz de borracha que le salía entrecortada. Entre jadeos y maldiciones, él le arrancó el sujetador para dejar al aire esas tetas naturales que bailaban con cada embestida, y ella, sin dejar de chuparle los dedos mientras él se los metía en la boca mojada, le rogó que le llenara el coño hasta reventar. La escena se volvió más salvaje cuando él la tiró sobre la cama y le abrió las piernas para comérsela el coño con furia, lamiéndole el clítoris hinchado mientras ella se corría gritando como una loca, con el sabor de su propia corrida mezclado con el sudor y el perfume barato que se le había corrido por el escote. Pero el policía no había terminado: la puso a cuatro patas sobre el colchón, le metió la polla hasta la garganta mientras le agarraba del pelo teñido de rubio oscuro, y se la clavó tan hondo que ella por poco se atraganta con su propio flujo, escupiendo babas y babas mientras él le gritaba que era su puta oficial y que la iba a dejar más abierta que la puerta de un burdel. Cuando él sintió que se le venía la corrida, la sacó a tiempo para dispararle un chorro grueso sobre esas tetas pálidas que tanto le gustaban, y ella, con los ojos en blanco y la boca llena de leche, se limpió con los dedos antes de llevárselos a la boca para chupárselos como la buena zorra que es. La cosa no quedó ahí: él se la folló otra vez de lado, con una pierna en alto para que le entrara más profundo, y ella se corrió otra vez empapando las sábanas mientras él le susurraba al oído que era la mejor putita que había tenido entre sus brazos. Para rematar, se la tiró a su propia hermana menor, una morena de pelo liso que llegó borracha también y se dejó empalar sin protestar, con el coño tan mojado que el sonido de la polla entrando y saliendo resonaba como un tambor en el cuarto. Cuando todos acabaron jadeando y sudando, el policía se quedó quieto, con la polla todavía goteando, mientras las dos zorras se abrazaban como si fueran amigas en vez de rivales por su atención.