Rubia colombiana chupa polla con mucha saliva caliente
La rubia de ojos cafés y piel bronceada llegó con la intención de dejarme el chocho bien mojado y no se fue con las manos vacías. Desde que abrió la puerta con esa sonrisa pícara y ese body ajustado que apenas le cubría las tetas pequeñas, supe que me iba a dar un servicio de lujo. Sin perder ni un segundo, se arrodilló frente a mi verga dura como un palo y empezó a babearme el tronco con una saliva espesa que le escurría por la barbilla. La muy putita se atragantó varias veces mientras me metía todo el rabo en la boca, pero no se detuvo ni un instante, incluso cuando le resbalaba el carmín por los labios. Con cada embestida que le daba en la garganta le salían unos gemidos ahogados que me ponían más duro que el cemento. No contenta con eso, se quitó el tanga de encaje y se puso a cuatro patas en el sofá, ofreciéndome ese coño jugoso que ya goteaba como un grifo roto. La agarré del pelo y le metí la verga hasta el fondo, sintiendo cómo su útero se abría para recibir cada centímetro de mi pollón mientras ella gritaba como una posesa. Entre babas, baboseos y chillidos, me corrí dentro de su boca primero, inundándole la garganta con leche espesa, y luego la llené hasta el culo con otra descarga que le dejó el culito temblando. La muy zorra se limpió los restos con los dedos y se los chupó sin pudor, pidiendo más como la puta hambrienta que es. No contenta con un solo polvo, me pidió que le diera otro servicio, esta vez con la polla bien empapada de su propia saliva, y así seguimos hasta que ambos quedamos hechos una sopa de sudor, babas y leche.