Rubias perversas se destrozan el coño a manotazos
Las dos rubias llevaban horas tumbadas en la cama, desnudas y con los tacones puestos, acariciándose los pechos mientras se lamían los labios con la punta de la lengua. Arwen, la más alta, le pasó los dedos por el coño empapado a Lexi, quien no pudo evitar gemir y arquear la espalda cuando sintió el primer contacto. Sin perder tiempo, Arwen hundió los dedos entre sus labios hinchados, frotando el clítoris con movimientos circulares mientras Lexi se retorcía de placer. Lexi, en respuesta, le agarró el culo prieto a Arwen y le clavó las uñas en la carne, arrancándole un grito ahogado mientras sus tetas rebotaban con cada movimiento. Arwen no se quedó atrás y, con un brillo travieso en los ojos, le introdujo dos dedos dentro sin piedad, sintiendo cómo el coño de Lexi se contraía alrededor de ellos como un puño caliente. Las dos se besaron con lenguas ávidas, mezclando el sudor y el perfume de sus sexos mientras Arwen seguía metiendo y sacando los dedos con fuerza, haciendo que Lexi chorreara sobre la sábana. Lexi, con los tacones clavados en el colchón, se corrió gritando el nombre de Arwen mientras el líquido le resbalaba por los muslos. Pero Arwen no había terminado: con una sonrisa pícara, le exigió que le devolviera el favor y le metió la mano entera en el coño, sintiendo cómo los músculos se aferraban a sus dedos como si no quisieran soltarlos nunca. Lexi, todavía temblando por el orgasmo anterior, no dudó en obedecer y empezó a masturbarla con los dedos, sintiendo el calor húmedo y el ritmo acelerado de su coño mientras gemían juntas como dos putas en celo.