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Sakura se deja empotrar salvaje por su compañero

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Estúdio Dianitahot691

Desde que aquel día en el entrenamiento el sudor le resbaló por ese culito prieto y bien marcado, Sakura no pudo sacarse de la cabeza los gruesos muslos de Rock Lee apretados contra los suyos ni sus manos callosas amasando su culo redondo. Él, con esa mirada de perrito faldero pero con una polla que parecía un tronco listo para partirla en dos, no perdió ni un segundo en acercarse cuando la vio sola en los vestuarios después del combate. Sin mediar palabra, le arrancó el tanga rojo que apenas le cubría el coño empapado mientras ella jadeaba contra su boca, mordiéndole el labio inferior con desesperación. Rock Lee la alzó como si no pesara nada, apoyando su espalda contra la pared fría, y con un empujón brutal le enterró la verga hasta la garganta, haciendo que un gemido ronco escapara de su garganta mientras sus tetas rebotaban al ritmo de cada embestida. Ella, con los pezones duros como piedras y la entrepierna chorreando, le clavó las uñas en la espalda ancha mientras él la embestía sin piedad, sintiendo cómo su coño se estremecía cada vez que su glande golpeaba ese punto que la hacía ver estrellas. El aire olía a sexo, a sudor y a ese perfume barato que Sakura siempre usaba cuando quería excitarlo, mientras los golpes de cadera resonaban contra la madera de los vestuarios como si fueran martillazos. Rock Lee, con los huevos bien tensos y la respiración entrecortada, le susurró al oído lo puta que era por dejarse empotrar así, sin importarle que cualquiera pudiera escucharlos, y ella solo atinó a gemir más fuerte cuando sintió cómo su leche espesa comenzaba a llenarle el vientre. Los muslos le temblaban como gelatina cuando por fin se dejó caer de rodillas, con la polla aún dura goteando restos de su corrida, y sin dudarlo se la metió hasta la garganta para limpiarla con la lengua, disfrutando del sabor salado mezclado con el aroma a hembra satisfecha. Él, exhausto pero con esa sonrisa de lobo, la levantó de nuevo y la sentó sobre su verga, esta vez cabalgándola como una posesa hasta que los dos cayeron juntos al suelo, jadeando y sudados, con las piernas enredadas y el coño aún palpitando de placer.

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