Una hermanastra rubia me pilló espiándola mientras se preparaba para engañar a su novio
Esa tarde en su habitación, con la lámpara encendida y su reflejo en el espejo, Arisha Mills no sabía que yo ya estaba ahí detrás de la puerta, con la polla dura como piedra viendo cómo se quitaba la ropa interior. Se movía con esa lentitud de puta sabiendo que alguien podía verla, ajustando el tanga verde que apenas le cubría el culo respingado, ese que siempre se negaba a mostrarme. Cuando se inclinó para echarse perfume, su coño húmedo brilló y no pude resistir más: abrí la puerta de golpe y la empujé contra la cama, le arranqué la tanga de una sola vez y mi lengua ya estaba en su entrada antes de que pudiera gritar. El sonido de sus caderas chocando contra mi cara era música, y cuando metí dos dedos hasta el cuello del útero, sus gemidos se volvieron un grito ahogado. 'Pensé que eras más discreta', le solté mientras le abría las nalgas y mi verga entraba de una sola estocada, sintiendo cómo su canal se cerraba alrededor de mi polla como un guante. Cada embestida hacía que su culo redondo rebotara, y cuando le di una nalgada fuerte, ella se corrió tan fuerte que me empapó los huevos. '¿Así le haces a tu novio, putita?', le pregunté burlón mientras le agarraba el pelo y la hacía chupar mi leche caliente que ya salía a chorros.