Alejandra Palacios se entrega a su jefe en 11 minutos de lujuria
Esa tarde en la oficina, Alejandra Palacios se arrodilla frente a Tommy Miller con los labios brillantes de saliva, lista para obedecer cada orden. Él le agarra el pelo mientras ella abre la boca, tragando su polla entera de golpe, los gemidos ahogados por el grosor que le roza la garganta. Con las bragas empapadas, ella suplica entre jadeos que la folle duro, pero él solo sonríe y la empuja contra el escritorio, levantándole la falda para azotarle el culo rojo hasta que grita. Cuando por fin la penetra, cada embestida la hace chocar contra el mueble, sus uñas marcando la madera mientras él le ordena callarse. Ella obedece, mordiendo el labio hasta sangrar, hasta que él decide correrse dentro de su coño apretado, llenándola sin permiso. Al terminar, Tommy Miller se ajusta el pantalón mientras Alejandra Palacios se limpia los muslos temblorosos, con los ojos bajos y las mejillas ardiendo de vergüenza.