Alex Gonz gime con el culo listo para que Guy Spencer lo empotre
Estás en la habitación, el corazón te late fuerte mientras miras a Alex Gonz despatarrado en la cama, el culo levantado, los muslos temblando de anticipación. Sabes que en cualquier momento podría entrar alguien—el novio, un vecino curioso—pero no puedes resistirte. Te acercas, le agarras las nalgas firmes, separándolas para admirar ese ojete rosado y húmedo que te espera. Sientes cómo se estremece cuando pasas la lengua por su raja, lamiendo hasta que gime ahogado, mordiendo la almohada para no hacer ruido. Le metes un dedo, luego dos, estirándolo mientras él se retuerce, murmurando tu nombre entre dientes. Guy Spencer entra de repente, su polla gruesa ya lista, y sin perder tiempo te empuja hacia atrás para tomar el control. Te arrodillas entre las piernas de Alex, chupándosela con ganas mientras él se agarra a las sábanas, conteniendo los gemidos. Cuando ya no aguanta más, te paras, le apuntas la verga y de una estocada se la entierras hasta las pelotas, sintiendo cómo su culo apretado te aprieta como un tornillo. Alex grita, pero lo ahoga en el colchón, moviéndose al ritmo de tus embestidas brutales. Escuchas pasos en el pasillo, alguien que pasa cerca de la puerta, y eso solo te pone más caliente, follándolo más rápido, más duro, hasta que sientes cómo su culo se contrae alrededor de tu polla. Alex se corre sin tocarse, el semen salpicando las sábanas, y tú no puedes más, soltando toda tu leche dentro de él mientras los dos jadean, sudando, escuchando el peligro de ser descubiertos.