Ally Berry se venga follando al mejor amigo de su hijastro
Aquel mediodía en la cocina, con el sol pegando fuerte contra los vidrios, decidí que ya era hora de cobrarme lo que ese cabrón me había hecho. Leo Valentino, el mejor amigo de mi hijastro, llevaba meses mirándome el culo cuando creía que no lo veía, rozándome el brazo al pasar, soltando comentarios bien sucios cuando pensaba que no lo escuchaba. Hoy no escaparía. Me acerqué con mi vestido ajustado, el que me marca las tetas y el culo redondo, y le ofrecí un trago. '¿Quieres algo frío, Leo?', le dije, mordiéndome el labio mientras me agachaba para sacar una cerveza de la nevera, sabiendo que su mirada se clavaba en mi escote. Cuando se inclinó para tomar el vaso, le rocé la polla con el dedo, sintiendo cómo se ponía dura bajo el pantalón. 'Parece que algo más está caliente aquí', susurré, y antes de que pudiera reaccionar, me arrodillé y le bajé el cierre con los dientes. Su verga era gruesa, venosa, y la chupé como si fuera un dulce, saboreando cada gota de su pre-cum. 'Así que te gusta jugar a ser el inocente, ¿eh?', gemí, mientras lo mamaba hasta que sus muslos temblaron. Luego lo empujé contra la mesa, me subí el vestido y le mostré mi coño empapado. 'Métemela, cabrón, pero que sea duro, como cuando me miras por el pasillo'. No se hizo rogar: me empotró contra la mesa, clavándomela hasta que mis gritos resonaron en toda la casa. Cada embestida era un castigo, cada gemido suyo una victoria. Cuando me corrió dentro, su leche caliente me quemó por dentro, pero no me importó. Ya tenía lo que quería: su polla, su vergüenza y mi venganza. Ahora sabía que yo era la que mandaba.