Amigo del curso se deja empotrar con rabia en el culo
Desde que empezó el curso de la universidad, no podía dejar de mirar cómo ese cuerpo sudoroso se movía en los ejercicios de pesas. Cada vez que se agachaba para recoger la toalla el short se le marcaba de una forma que a él le ponía como un animal. Una noche de borrachera compartida en el piso de la residencia, después de pasarse horas tomando cervezas baratas y contando viejas historias, el alcohol les quitó el filtro a los dos. Él le confesó lo que llevaba tiempo imaginando mientras el otro, con una sonrisa pícara y los ojos vidriosos, le agarró la cabeza y le metió la polla en la boca sin aviso. Entre risas nerviosas y suspiros ahogados, acabaron en el colchón del cuarto, donde los cuerpos se enredaron sin pudor. Él le escupió en el culo antes de meterle dos dedos bien profundos, sintiendo cómo el otro gemía y se agarraba a las sábanas con los puños cerrados. La tensión era eléctrica, el olor a sudor y cerveza lo envolvía todo mientras le susurraban guarradas al oído. Sin más preámbulos, el que estaba abajo se puso a cuatro patas y abrió bien las piernas, ofreciéndose con un movimiento de culo que invitaba a empotrar sin piedad. La polla, dura como una piedra y con las venas marcadas, se deslizó entre sus nalgas sin lubricante, pero el calor y la humedad de su interior lo recibieron con una presión que casi lo vuelve loco. Las primeras embestidas fueron lentas, casi tortuosas, mientras le agarraba las caderas con fuerza y le clavaba los dedos en la carne, dejando marcas rojas que luego se convertirían en moretones. Pero cuando el otro empezó a pedirle que lo follara más fuerte, ya no hubo control: las embestidas se volvieron brutales, el sonido de los muslos chocando contra el culo resonaba en la habitación junto con los gruñidos y los gritos ahogados. Él le agarró del pelo y le echó la cabeza hacia atrás mientras le metía la polla hasta el fondo, sintiendo cómo el otro se contraía a su alrededor en espasmos que anunciaban el orgasmo. Los dos acabaron corriéndose al mismo tiempo, con el líquido caliente llenándole el interior mientras se dejaban caer sobre el colchón, sudados y jadeantes, con las respiraciones entrecortadas y los cuerpos pegajosos de semen.