Asiática tímida se convierte en puta para su novio
El olor a su coño recién depilado me volvió loco desde el primer segundo, y cuando Layla Scarlett me miró con esa sonrisa retadora, supe que esta vez no iba a ser un polvo cualquiera. Me apostó que no aguantaría sus gemidos, que mi polla no le llegaría a las pelotas dentro de ese culo apretado que tanto deseaba romper. Le dije que se arrepentiría, y en más de 16 minutos de escena le demostré que no era una niña inocente, sino una puta hambrienta que no paraba de pedir más. La tiré sobre la cama y le abrí las piernas de una patada, hundiendo la cara en su coño mojado mientras ella gritaba que no podía más. Pero yo sabía que mentía, que ese cuerpo perfecto de asiática necesitaba cada centímetro de mi verga blanca. La puse a cuatro patas y le clavé la polla hasta que sus tetas naturales rebotaban con cada embestida, sus uñas marcando las sábanas mientras me rogaba que no parara. Cuando le di la vuelta y le metí los dedos en la boca para que los chupara, sus ojos se nublaron de placer. Sabía que estaba cerca, que su coño apretado iba a explotar en mi polla, así que la empotré contra la pared y le rompí el culo con una estocada que la hizo gritar mi nombre. No hubo piedad, no hubo descanso, solo mi polla gruesa destrozándole el culo hasta que se corrió como una perra en celo, su jugo caliente chorreando por mis bolas. Y justo cuando creí que ya no podía más, ella me miró con esa sonrisa de puta satisfecha y me dijo que apenas empezábamos.