Catarina Petrov me domina y me castiga con su coño
¡Atrevete a tocarme otra vez, pedazo de imbécil! me gruñó Catarina Petrov mientras su coño apretado se frotaba contra mi cara. La muy puta lo planeó todo: quería vengarse porque el ex la dejó por otra, y ahora yo pagaba por sus celos. Me empujó contra la cama con sus manos en mi pecho, sus tetas rebotando al ritmo de sus movimientos. Mi polla ya estaba dura antes de que siquiera empezara, pero ella no iba a dejar que me corriera tan fácil. Se montó sobre mi verga con un gemido profundo, sus jugos chorreando por mis bolas mientras me cabalgaba como si fuera su juguete personal. No podía resistir sentir cómo su culo perfecto se apretaba contra mi pelvis, y cuando me ordenó que le comiera el coño, obedecí sin pensarlo. Mi lengua se perdió entre sus labios mojados, saboreando cada gota de su excitación mientras ella se frotaba contra mi boca. —Maldito, esto es por ser tan tonto— me escupió entre gemidos, y yo solo podía sostener su cadera mientras ella me usaba sin piedad. De repente, se corrió con un grito ahogado, sus paredes internas apretándose alrededor de mi polla como si quisieran exprimirme hasta la última gota. Pero no me iba a dejar llevar tan rápido: la giré de golpe, colocándola a cuatro patas, y la embestí con fuerza, sintiendo cómo mi verga entraba hasta hacerle tocar el cuello del útero. Sus gritos se mezclaban con los golpes húmedos de nuestros cuerpos chocando, y cuando por fin me vine dentro de ella, fue con un gruñido que sacudió hasta las paredes.