Chica tailandesa se deja follar con ropa puesta
La primera vez que la vi, supe que no iba a poder resistirme a esa chica tailandesa de curvas perfectas y mirada traviesa. Llevaba un vestido ajustado que marcaba cada centímetro de su culo redondo y sus tetas firmes, y cuando me sonrió, supe que quería probar su coño dulce. La invité a mi casa con la excusa de tomar un café, pero en cuanto cerré la puerta, la empujé contra la pared y le arranqué el vestido con fuerza. Sus gemidos resonaron en la habitación mientras le bajaba las bragas y le metía dos dedos en su coño ya mojado. Ella jadeó y me agarró la polla por encima del pantalón, sintiendo lo dura que estaba. La tiré al sofá y me monté encima, follándola con embestidas profundas mientras ella gritaba de placer. Su culo rebotaba con cada golpe, y cuando le di la vuelta para empotrarla por detrás, sus gritos se volvieron más fuertes. Le arranqué el tanga y le metí la polla hasta el fondo, sintiendo cómo su coño apretado me envolvía. Ella se corrió dos veces antes de que yo le llenara el coño con mi corrida caliente. Al final, los dos estábamos sudados y exhaustos, pero sabíamos que esto no iba a ser la última vez.