Chico joven se masturba en regadera del baño
El agua caliente le resbalaba por el cuerpo mientras el chico se enjabonaba lento, sintiendo cómo el vapor le nublaba la mirada y le erizaba la piel. Con una mano sujetaba su verga ya bien dura, gruesa y palpitante, mientras con la otra se masajeaba las bolas bien cargadas de leche espesa. Sabía que en cualquier momento alguien más entraría, pero eso solo le ponía más cachondo, imaginando cómo le iban a clavar la verga hasta el fondo cuando lo descubrieran. Se giró contra la pared fría, dejando que el chorro le mojara el culo mientras se abría las nalgas con los dedos para que el agua le entrara bien adentro. Escuchó pasos acercarse, pero no se movió, solo aceleró los movimientos de su puño alrededor de esa polla que parecía a punto de reventar. La puerta se abrió con un golpe seco y entró otro chico, con el torso lleno de tatuajes y una sonrisa pícara al verlo ahí, empalmado y jadeando. Sin decir ni una palabra, el recién llegado se acercó, le agarró la cintura con fuerza y le clavó su propia verga dura como el acero entre las nalgas mojadas, sintiendo cómo el otro gemía y se arqueaba contra él. Los dos cuerpos se enredaron en un vaivén frenético, con los muslos chorreando agua y semen, mientras los gemidos ahogados se mezclaban con el ruido del agua corriendo. El primero no aguantó más y se corrió con un grito ahogado, disparando chorros blancos contra la pared del baño, mientras el otro lo empotraba contra los azulejos hasta vaciarse dentro de él con un gruñido animal. Cuando terminaron, los dos quedaron jadeando, empapados y con las piernas temblorosas, sabiendo que esa follada improvisada en la regadera del baño público los dejaría marcados para siempre.