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Marido trae a su amigo para que me folle duro

22:09 720P 1 Gay
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Estúdio Davilobo

El muy cabrón llevaba semanas con la idea de ver cómo su grande polla se clavaba en mi coño caliente mientras él miraba con cara de cerdo satisfecho. Cuando el amigo llegó con esa verga enorme colgando bajo el pantalón ajustado, supe que esta noche no iba a dormir tranquila. Me empujó contra la pared del salón sin avisar, arrancándome la falda con un tirón brusco que dejó mi tanga negro a la vista, empapado y pegado al culo. La primera embestida me dejó sin aire, ese gordo tronco de carne abriéndome de golpe mientras sus pelotas golpeaban contra mi clítoris hinchado. El amigo no perdió tiempo en gemidos suaves, agarró mis caderas con fuerza y empezó a empotrarme como un animal, cada envestida sacándome un grito agudo que rebotaba en las paredes. Mi marido se masturbaba a un lado, lamiéndose los labios mientras veía cómo su amigo me llenaba hasta el fondo, con sus huevos golpeando contra mi entrada cada vez que se hundía. La polla gruesa se deslizaba entre mis pliegues resbaladizos, dejando un rastro de jugos por donde pasaba, y yo solo podía arquear la espalda y chupar mi propio dedo para no gritar como puta en celo. El amigo me dio la vuelta de un manotazo, clavándome contra el sofá donde su amigo se sentó con la verga apuntando al techo, dura como una piedra y con las venas marcadas. Me subí encima sin pensarlo, cabalgando esa verga que me estiraba la entrada hasta el dolor mientras sus manos agarraban mis tetas y las apretaban como si fueran de masilla. Las embestidas desde abajo me hacían botar los pechos al ritmo de sus caderas, y el sonido húmedo de mi coño siendo follado resonaba en la habitación junto a los gruñidos del tipo, que no paraba de maldecir entre dientes. Cuando sentí que mi orgasmo estaba a punto de explotar, me dejé caer sobre su polla hasta que el glande me golpeó el cuello del útero, y ahí fue cuando los dos perdimos el control. El amigo se corrió dentro de mí con un rugido, llenándome el vientre con chorros espesos que escurrían por mis muslos mientras yo me retorcía de placer, con las piernas temblorosas y el coño tan mojado que parecía que acababa de salir de la piscina.

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