Chico paraguayo se empotra anal en plaza pública
El guapetón paraguayo llevaba días buscando donde clavar su verga bien dura y esa tarde la encontró en la plaza del barrio, donde los tipos pasaban caminando sin sospechar nada. Con la camisa pegada al pecho por el sudor y el short ajustado marcando cada músculo, se acercó a un chaval rubio que leía en un banco con cara de aburrido. Sin decir ni pío, le agarró la nuca y le empujó la cabeza contra su entrepierna palpitante, donde ya se le notaba la polla enorme a través del tejido fino. El rubio, al sentir el bulto caliente, no pudo resistirse y le abrió el short de un tirón para sacarle la verga gruesa y morada, que le golpeó en la mejilla con un sonido húmedo. El paraguayo gruñó fuerte mientras el otro se la agarraba con las dos manos y se la metía hasta el fondo de la boca, tragando saliva con dificultad mientras los huevos le temblaban pegados a su mandíbula. No tardó en soltarla para quitarse el short y quedar completamente desnudo frente a todos, con la polla goteando pre-semen y el culo prieto brillando bajo el sol de la tarde. El rubio, ya con los pantalones abajo y el culo bien abierto, se agachó sobre un banco de madera y se dejó embestir sin piedad, sintiendo cómo la verga gruesa le abría el agujero hasta hacerlo gritar como puta en celo. El paraguayo no aguantó más y lo empotró contra el respaldo del banco, agarrándole las caderas con fuerza mientras le metía la verga hasta las pelotas, haciendo que el otro se corriera en chorros espesos sobre la madera sucia del parque. Los gemidos se mezclaban con el ruido de las hojas y el crujir de la madera bajo sus cuerpos sudorosos, mientras los dos se corrían una y otra vez sin importarles quién pudiera verlos. Al final, cuando ya no quedaban fuerzas, el paraguayo le escupió en el culo antes de darle una última embestida profunda que lo dejó temblando, con la verga todavía dura dentro de él mientras le susurraban al oído lo puto que era y lo bien que le había follado.