Chiquita de missouri traga leche de dos pollones calientes
La morena flaquita de tetas pequeñas pero bien duras no podía aguantar más cuando esos dos machotes se le tiraron encima con todo el aceite brillando en su piel sudada. Primero le lamieron cada centímetro del cuerpo, mordisqueándole los pezones con los anillos de sus tetas perforadas mientras sus dedos jugaban a meterle dentro sin piedad, dejándola con el coño chorreando y los gemidos ahogados en la garganta. Uno de ellos se empaló entre sus labios carnosos y le metió la polla hasta la garganta sin avisar, haciéndola toser y babear mientras el otro le mordía el culo y le abría las nalgas para dejarle el coño bien expuesto. Se la follaron en posición perrito con embestidas tan brutales que sus tetas pequeñas rebotaban como locas y ella no paraba de gritar que le dieran más, con la lengua fuera y los ojos llorosos por el esfuerzo. El de adelante le agarró la cabeza y le metió toda la verga hasta que se ahogó en su propia saliva, mientras el otro le penetraba el coño con los dedos mojados de lubricante, estirándole el agujerito de atrás sin piedad. Cuando ya no pudo más, la pusieron boca arriba y le levantaron las piernas delgadas sobre sus hombros, empotrándosela con tanta fuerza que el colchón crujía y ella se corría en chorros gruesos que le resbalaban por las nalgas. El moreno de la polla más gruesa se corrió dentro de su boca hasta dejarla con la cara llena, mientras el rubio le llenaba el coño de leche espesa que le escurría por las piernas. Entre gemidos y patadas al aire, la flaquita se retorcía con cada embestida, pidiendo que no pararan, con los tatuajes brillando bajo el sudor y la piel enrojecida por tanto placer. Al final, los dos se quedaron jadeando sobre su cuerpo exhausto, con las vergas aún duras y el coño de ella completamente empapado, goteando por todos lados mientras se reían de lo bien que la habían dejado después de tanta leche dentro.