Follándose con juguetes al aire libre
El sol quemaba su piel mientras se quitaba la ropa con impaciencia, dejando al descubierto su cuerpo sudado y ese coño ya bien mojado antes de siquiera tocarlo. Sus dedos resbalaban sobre sus labios hinchados, sintiendo cómo su humedad le cubría los nudillos mientras gemía con la polla de silicona clavada hasta el fondo. El aire fresco le ponía más dura cada vez que el juguete rozaba su punto G, haciendo que arqueara la espalda y apretara los muslos con fuerza. Las gotas de sudor le caían por los pechos mientras se embestía con furia, sintiendo cómo el plástico duro le raspaba las paredes del coño con cada embestida salvaje. No podía evitar gritar cuando el vibrador le hacía temblar las piernas, su culo rozándose contra la hierba mientras se agarraba los senos con frustración. Las contracciones la volvían loca, sus muslos temblando sin control mientras la polla de goma le sacaba gritos guturales. Justo antes de correrse, arrancó el juguete de un tirón, dejando su coño palpitante abierto y chorreando, los dedos ya trabajando para llevarla al orgasmo más intenso de su vida. La última sacudida le arrancó un gemido ronco mientras se corría sobre su propia mano, el cuerpo temblando como una hoja bajo el sol abrasador. El calor y el placer le dejaron sin aliento, el coño aún latiendo débilmente cuando finalmente se dejó caer sobre la hierba, exhausta pero satisfecha.