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Chupaditas calientes de culitos frescos y pollas gordas

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Estúdio ScottHancock

La primera vez que le vi chupar esa polla gorda, casi se me sale el corazón por la boca al ver cómo sus labios finos y rojos se abrían para tragarse cada centímetro sin quejarse. La Andrea, con su carita de ángel y ese cuerpito esquelético que parece hecho para el pecado, se arrodilló frente a mí con una sonrisa pícara mientras sus tetas pequeñas rebotaban bajo el top ajustado. Ivy, la morenita de curvas suaves, no se quedó atrás: se lanzó a lamer desde la base hasta la punta, dejando su boquita bien mojada mientras sus gemidos ahogados se mezclaban con los sonidos húmedos de cada lamida. Kaylee, la rubita de ojos claros que parece sacada de un sueño sucio, no pudo resistirse a agarrarme la verga con sus manitas temblorosas y empezar a mamármela con desesperación, como si su vida dependiera de tragárselo todo. Andrea, con su cara de puta inocente, no tardó en ahogarse un poco al sentir cómo el glande se le clavaba en la garganta, pero no se apartó ni un milímetro, solo respiró por la nariz mientras sus ojos lagrimeaban de placer. Ivy, más atrevida, se la metió hasta el fondo y se quedó ahí, con la boca llena y los cachetes hinchados, hasta que al fin se retiró con un hilo de babas brillantes colgando de sus labios carnosos. Kaylee, en cambio, prefirió alternar entre chupar la punta y lamer los huevos pesados, susurrando que quería probar todo el sabor salado que le recorría la verga. Andrea, ya más suelta, se la tragó entera de un solo golpe y se quedó quieta, sintiendo cómo la polla palpitaba en su garganta mientras las lágrimas le caían por las mejillas sin que pudiera evitarlo. Ivy, con su coño ya empapado, no pudo resistirse a frotarse contra mi pierna mientras seguía mamando, sus gemidos volviéndose más fuertes cada vez que el glande le rozaba el paladar. Kaylee, la más juguetona, se la sacó de la boca de repente y se limpió los labios con el dorso de la mano antes de decirme que quería sentirla toda dentro, pero primero necesitaba que le llenara la boquita otra vez. Andrea, con su culito apretado y esa tanga que ya no le servía, se dejó caer de rodillas y abrió bien la boca, lista para recibir otra ronda de leche espesa que le iba a dejar la garganta llena y el vestido manchado de semen. Ivy, sin perder tiempo, se la metió hasta la base y empezó a toser mientras intentaba aguantar, pero al final no pudo evitar escupir un poco antes de tragárselo todo de un tirón. Kaylee, la última en llegar al final, se la sacó con un chasquido y se limpió la boca con la mano mientras observaba cómo las tres se besaban entre lamidas, sus cuerpos sudorosos y sus alientos cargados de lujuria desatada.

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