Culo enorme cabalgando con tía bien mojada
La vecina del quinto llevaba semanas provocando con ese culo enorme que le asomaba por el short cada vez que se agachaba a regar las plantas, y hoy por fin se le fue la mano al pasarse los dedos entre el vello oscuro de su concha mientras lo miraba desde el balcón. Él no pudo resistirse cuando la escuchó gemir bajito al frotarse contra el marco de la puerta, así que se acercó sigilosamente por detrás, le agarró las tetas bien prietas y le clavó la polla dura en el coño empapado sin aviso. Ella se dejó caer de espaldas contra su pecho, jadeando cuando notó cómo le abría el chocho con cada embestida, sintiendo cómo el vello rizado le raspaba la piel mientras el cabrón le metía hasta las pelotas dentro. Las piernas le temblaban tanto que tuvo que agarrarse al marco de la ventana para no caerse, pero él la empotraba con saña, haciendo que sus gemidos se mezclaran con el sonido húmedo de los muslos chocando contra su culo gordo. La muy puta no podía parar de mover las caderas al ritmo de sus embestidas, su coño se contraía cada vez que le metía hasta el fondo, y cuando él le agarró el pelo para echarle la cabeza atrás, ella soltó un grito ahogado mientras se corría con chorros calientes chorreándole por las piernas. El cabrón no se detuvo ahí: siguió follándosela como una bestia, su verga resbaladiza por los jugos de ella, hasta que sintió cómo se le ponía aún más dura al escuchar cómo le suplicaba que no parara mientras le apretaba las nalgas con fuerza para que no se le escapara ni un milímetro. Los dos quedaron pegajosos y sudorosos, ella con el culo enrojecido por las palmadas que le dio al correrse, y él con la polla todavía dura, deseando repetir el numerito en cuanto ella se recuperara un poco.