Culona llega del trabajo y me seduce con lencería
La morena acababa de salir del curro con ese culazo redondo apretado bajo el vestido ceñido que se le marcaba hasta el culo cada vez que movía las caderas al caminar. Nada más verme en el portal, se mordió el labio inferior, se ajustó el sujetador negro que le levantaba las tetas hasta casi sacárselas por el escote y me guiñó un ojo con esa mirada de puta que sabe que va a hacerme perder la cabeza. Enseguida se quitó los zapatos de tacón y empezó a restregarse contra mí, frotando su coño empapado por encima del tanga mientras me susurraba al oído que llevaba todo el día pensando en cómo me iba a chupar la polla hasta dejarme seco. Sin perder ni un segundo, se agachó frente a mí, me bajó los pantalones de un tirón y se metió mi verga palpitante en la boca con un gemido ronco, lamiendo la cabeza con movimientos lentos y babosos que me hicieron temblar las rodillas. Mientras me la mamaba como una auténtica experta, se sacó las tetas del sujetador y se las apretó contra mi cara para que pudiera morderle los pezones duros como piedras, que se le endurecían cada vez que le pasaba la lengua por el clítoris inflamado. Cuando ya no pudo aguantarse más, se dio la vuelta de espaldas, se apoyó en la pared con las manos y se levantó el vestido hasta dejar al descubierto ese culo prieto que le brillaba con el sudor de la calle, listo para que la empotraras hasta que le crujieran las caderas. Le arranqué el tanga de un tirón, le escupí en el coño empapado y sin preámbulos le metí la polla hasta el fondo con un empujón brutal que la hizo gritar como una posesa, clavando las uñas en la pared mientras sus tetas botaban al ritmo de mis embestidas brutales. Cada vez que le llegaba al fondo, le golpeaba el clítoris con el pubis y ella respondía con unos gemidos agudos y cortos, mojando la pared con sus jugos mientras su culo se movía al compás de mis caderas, que no paraban de dar golpes secos y profundos que le hacían chirriar los dientes. No tardó ni dos minutos en correrse como una loca, apretando mi polla con su coño mientras se corría en espasmos violentos que le sacudían todo el cuerpo, empapándome las bolas con sus flujos calientes que le resbalaban por los muslos. Aproveché su orgasmo para darle la vuelta, tumbarla en el sofá y clavarle la verga hasta la garganta mientras le agarraba las tetas con fuerza, ordeñándome con su boca caliente hasta que noté que los huevos se me tensaban y supe que me iba a correr como un animal. Con un último empujón bestial, le llené la garganta de leche espesa que tragó sin dejar ni gota, jadeando y tosiendo mientras se limpiaba los restos de semen de la comisura de los labios con los dedos, que se chupó lentamente con una sonrisa de puta satisfecha.