Dabanga le da una mamada profunda en la mañana
Me levanté temprano y escuché ruidos en la cocina, pero no era el café lo que sonaba. Era Dabanga, arrodillada frente a su amante, con la polla dura como una roca entre sus labios. Las manos de él agarraban su cabeza con fuerza, empujando hasta que la garganta de ella se tensaba, pero no se quejaba, solo gemía ahogada mientras la saliva le caía por el mentón. Afuera, los vecinos ya empezaban a moverse, y si alguien pasaba por el pasillo, escucharía los sonidos húmedos de esa chupada salvaje. Dabanga tragaba con fuerza, ahogándose un poco cada vez que la verga golpeaba su campanilla, pero no se detenía, solo seguía chupando como si la vida dependiera de ello. Las caderas de él se movían más rápido, y ella lo miraba con los ojos llorosos, sabiendo que en cualquier momento podría correrse en su boca. El riesgo de ser descubiertos solo la excitaba más, y cuando él le agarró el pelo con más fuerza, supo que estaba cerca. De pronto, un portazo en la calle la hizo saltar, pero ni así dejó de mamar, solo apretó más los labios alrededor de su polla, lista para tragar todo lo que le diera. Y entonces, con un gruñido ahogado, él se vació en su garganta, y ella tragó rápido, sin perder ni una gota, mientras el corazón le latía a mil por hora. Justo cuando terminó, escuchó pasos en el pasillo, y supo que tenía que limpiarse rápido antes de que alguien entrara.