Doctor brutal empotra al joven con su polla enorme
El doctor Legrand no pierde tiempo y ya tiene los dedos hundidos en el culo prieto de Damien, ese culito que lleva semanas imaginando mientras revisa su expediente médico. La primera embestida con los dedos lo hace gemir fuerte, los muslos temblorosos del chico se abren más al sentir cómo le estiran el agujero con movimientos circulares que le dejan la boca abierta y los ojos vidriosos. El viejo médico no aguanta más y saca su verga gruesa como un tronco, gruesa, venosa y brillante por el pre-semen que ya le gotea, listo para partirlo en dos sin piedad. Damien, aunque es un twink de cuerpo esbelto, tiene un culo redondo y peludo que se agarra como un guante cuando el doctor lo levanta en vilo para empalarlo contra el escritorio, las piernas del chico colgando mientras la polla le entra hasta el fondo sin resistencia. Cada embestida suena como un golpe húmedo, los huevos del médico chocando contra el culo del joven con un sonido obsceno que hace que Damien grite cada vez que la cabeza de la verga le llega al fondo, rozándole la próstata y dejándolo sin aliento. El doctor no se conforma con la mano ni con los dedos, saca un consolador grueso y se lo clava al chico sin avisar, el plástico duro entra con facilidad porque el coño ya está más que listo para recibir cualquier cosa que le metan. Damien no puede evitar arquear la espalda, los pezones duros frotándose contra la madera del escritorio mientras el consolador le hace sentir que se le va a romper por dentro, pero no protesta porque el dolor ya se mezcla con un placer que le nubla la vista. El médico, sudando como un animal en celo, le agarra el pelo y le echa la cabeza hacia atrás para que no deje de mirarlo mientras le clava la verga una y otra vez, la saliva le cae por la comisura de los labios y los gemidos se vuelven más agudos, casi como los de una puta en pleno éxtasis. Cuando por fin el doctor siente que los huevos se le suben y el semen le hierve en las venas, no duda en sacársela para dispararle la leche caliente por toda la espalda y el culo, dejando el cuerpo del chico marcado con chorros blancos que resbalan por su piel sudorosa. Damien se corre sin tocarse, el orgasmo le recorre la columna vertebral como un relámpago mientras el médico le estruja los muslos con fuerza, los dos jadeando como bestias hasta que el último espasmo los deja exhaustos y pegajosos, el aire lleno del olor a sexo, sudor y piel caliente.