El jefe me pilló corriéndome en su taza favorita y me castigó con su polla
El jefe siempre dejaba su taza de café favorita en la cocina, y yo no pude resistir la tentación de llenarla con mi leche caliente mientras me masturbaba a escondidas. Justo cuando me corría con un gemido ahogado, el jefe entró y me vio con la polla en la mano, la taza llena de mi corrida y el culo temblando de vergüenza. En vez de gritarme, se acercó con una sonrisa perversa y me dijo que mi castigo sería chuparle la verga hasta dejarla bien dura. Sin pensarlo dos veces, me arrodillé y empecé a mamarle la polla grande y venosa, sintiendo cómo su sabor salado me excitaba más. El jefe me agarró del pelo y empezó a follarme la boca con embestidas profundas, haciendo que mi saliva gotee por su polla brillante. Cuando ya no pudo aguantar más, me levantó y me empotró contra la mesa, metiéndome su verga hasta el fondo mientras me apretaba los cachetes del culo. Gemí como una puta en celo, sintiendo cómo su polla me llenaba por completo y cómo mi culo se ajustaba a cada centímetro de su verga gruesa. El jefe no paró hasta que se corrió dentro de mí con un gruñido animal, llenándome de su leche caliente mientras yo temblaba de placer. Al final, me dejó limpiarle la polla con mi lengua, saboreando cada gota de su corrida mientras él me miraba con satisfacción. Desde ese día, cada vez que veo su taza favorita, solo pienso en su polla dura y en cómo me hizo gemir como nunca antes.