El gemelo perverso le mete la polla hasta el fondo
Esa noche, SoapyDx llegó a casa más caliente que nunca, pero lo que encontró en el dormitorio lo dejó tieso: un hermano gemelo que no conocía se masturbaba frente al espejo con una sonrisa de mierda mientras se acariciaba la verga gruesa y palpitante. Al principio quiso partirle la cara, hasta que el desconocido lo agarró por el cuello y le susurró al oído que su coño favorito lo esperaba en el baño, empapado y ansioso por sentir una verga que no fuera la suya. Sin pensarlo dos veces, SoapyDx se dejó guiar hasta el lavabo donde su gemelo ya tenía a la morena de piernas largas arrodillada, chupando una polla que parecía sacada de un sueño húmedo, con venas marcadas y el glande rojo por la excitación. El gemelo no perdió tiempo y la empujó contra el mármol, subiéndole el vestido hasta la cintura para dejar al descubierto un coño depilado y brillante que goteaba por los bordes, listo para ser destrozado. Con un gemido gutural, SoapyDx se abalanzó sobre ella, enterrando la cara entre sus nalgas para lamerle el culo y el coño al mismo tiempo, sintiendo cómo la morena se retorcía y le agarraba los pelos con fuerza mientras le suplicaba que no parara. El gemelo, que no se quedaba atrás, se colocó detrás de SoapyDx y le escupió en el culo antes de empujarle la verga dura hasta el fondo, haciéndolo gritar mientras la morena se corría en su cara sin pudor. Las embestidas se volvieron más salvajes, con el gemelo empotrando a SoapyDx contra el lavabo mientras él, a su vez, embestía a la morena con tanta fuerza que los azulejos temblaban y los gemidos resonaban en toda la casa como un eco de placer sucio. La morena ya no aguantaba más, así que se dejó caer de espaldas sobre la cama improvisada del suelo, abriendo las piernas como una puta en celo mientras SoapyDx se la clavaba sin piedad, sintiendo cómo su verga se hundía en ese coño estrecho que lo apretaba como un puño caliente. El gemelo, que no podía aguantar la espera, se puso a cuatro patas detrás de SoapyDx y le metió la polla por el culo sin avisar, haciendo que los tres gimieran al unísono mientras los fluidos resbalaban por sus muslos y las sábanas quedaban convertidas en un charco de semen y sudor. Al final, los tres se derrumbaron en el suelo, exhaustos y cubiertos de babas, con las vergas aún temblorosas y los coños palpitantes, sabiendo que esa noche no sería la última vez que se buscaran para follar como animales en celo.