Eliane Furacao me dejó sin aliento con su culo perfecto
—'No deberíamos hacer esto, pero no aguanto más'— me susurró Eliane Furacao mientras se bajaba el tanga con esos dedos largos y pintados. Sabía que esto estaba mal, que Marcio Baiano podía aparecer en cualquier momento, pero su coño húmedo y su mirada de puta caliente me tenían la polla más dura que una piedra. La empujé contra la pared y le metí la lengua hasta la garganta mientras mis manos apretaban ese culo redondo y tatuado que rebotaba cada vez que la embestía. Ella gemía como una perra en celo, pidiendo más, rogando que no parara aunque supiera que esto era un pecado. Le arranqué la tanga de un tirón y la tiré sobre la cama, abriéndole las piernas para hundir mi cara en ese coño mojado que olía a lujuria pura. Chupé su clítoris hinchado hasta que se retorció de placer, pero no me conformé: la puse a cuatro patas y me enterré en su culo hasta que las caderas chocaron contra su carne. Cada embestida la hacía gritar más fuerte, y yo disfrutaba viendo cómo su espalda se arqueaba y sus tetas grandes saltaban con cada movimiento. Sabía que Marcio Baiano no tardaría en volver, pero no podía parar. En más de 10 minutos de escena, la follé como si fuera la última vez, sintiendo cómo su coño se apretaba alrededor de mi polla mientras me corría dentro de ella. Al final, mientras se mordía el labio y miraba hacia la puerta con culpa, solo pensaba en cuándo podría volver a tenerla así, aunque supiera que esto estaba mal.