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Esposa casada se empala con la verga de su cuñado

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Estúdio Cuckold House

La rubia de pelo largo y tetas duras no podía resistirse más cuando su cuñado le pasó la mano por el culo al salir de la ducha. Él, con esa polla gruesa que siempre le había puesto los pelos de punta, le susurró al oído que la quería bien mojada y lista para que se la metiera hasta el fondo. Ella, con el coño chorreando y los pezones duros como piedras, no tardó ni dos segundos en tirarse encima de la cama y abrirle las piernas de una patada. Él no se hizo de rogar: se lanzó sobre su cuerpo, le arrancó el tanga de encaje que apenas le tapaba el coño y le metió la verja hasta la garganta mientras ella gritaba como una puta en celo. La embestida fue tan fuerte que el cabecero de la cama golpeó contra la pared y los gemidos de ella se volvieron tan intensos que hasta el perro de la casa se asomó a ver qué demonios pasaba. Él la agarró de las caderas con fuerza, le clavó las uñas en la carne y empezó a empotrarla como si no hubiera un mañana, con cada golpe haciendo que el coño le temblaran las tetas y los labios se le hincharan de tanto follar. Ella, con la boca llena de saliva y los ojos vidriosos, le suplicó que no se detuviera mientras él le metía los dedos en la boca para que se los chupara con ganas. La cosa se puso más caliente cuando él se corrió dentro de ella sin avisar, llenándole el coño de leche espesa que le resbaló por los muslos mientras ella seguía gritando como si no hubiera mañana. Pero él no se conformó con eso: la volteó boca abajo, le levantó el culo bien alto y se la clavó otra vez, esta vez con tanta fuerza que el espejo del baño se sacudió con los embates. Ella, con la cara enterrada en la almohada y el coño empapado, no pudo aguantar más y se corrió gimiendo su nombre mientras él le soltaba otra carga dentro, esta vez más lenta pero igual de intensa. Cuando por fin terminaron, ella quedó tirada en la cama con las piernas abiertas, el coño goteando y la piel llena de marcas de sus uñas, mientras él se reía y le decía que su marido nunca la follaría así. Ella solo sonrió, se lamió los labios y le pidió que le diera otra ronda porque con esa verga no se saciaba ni aunque se muriera.

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