Esta morena de culazo se masturba con lencería roja
Lleva días esperando que la casa esté vacía para que nadie la interrumpa mientras se toca el coño empapado bajo ese encaje rojo que le marca cada curva del culo prieto. Se acuesta en la cama con las piernas bien abiertas, los muslos temblando de anticipación mientras se pasa la lengua por los labios pintados de rojo pasión. Con una mano se acaricia los pezones duros a través de la tela que apenas los cubre, mientras con la otra se mete dos dedos bien profundos en el coño chorreante que no para de gemir. Se le escapa un jadeo ronco al sentir cómo los dedos le rozan el clítoris hinchado, empapado de jugos que le resbalan por el culo en cada movimiento sensual. Se quita el sujetador de golpe, dejando que esos pechos redondos y firmes se sacudan con cada respiración agitada mientras se frota la polla dura contra el colchón, imaginando que es algo más grande y grueso dentro de ella. Gime fuerte cuando se corre por primera vez, los fluidos le escurren por las nalgas mientras los muslos le tiemblan sin control, pero no para ahí: sigue frotándose el clítoris con saña, ansiosa por otra corrida más intensa. Los gemidos se le vuelven gritos cuando se mete tres dedos dentro, retorciéndolos para tocarle ese punto que la vuelve loca, mientras con la otra mano se agarra el culo y se lo abre para que el coño le escupa más jugos calientes. No aguanta más y se corre otra vez, esta vez con la boca entreabierta dejando escapar un gritito animal mientras la espalda se le arquea y los jugos le chorreen por las piernas. Se queda tirada en la cama, sudorosa y jadeante, con el coño brillando bajo la luz de la lámpara y la lencería roja hecha un desastre alrededor de sus caderas, pero ni siquiera piensa en limpiarse: el olor a sexo fresco y su propio sudor la excitan aún más.