Esta muñeca de silicona se descontrola con mi polla dura de verdad
Fue una tarde de prueba cuando me la traje a mi cuarto de juegos, acabada de empaquetar, reluciente y fría al tacto, pero en cuanto mis dedos rozaron sus pezones perfectos de goma, algo inesperado pasó: empezó a gemir como si la estuviera follando de verdad, con esos pezones duros que no dejaban de moverse al ritmo de mis manos, como si tuviera nervios bajo esa piel sintética, y eso me hizo enloquecer, así que metí mi verga gorda hasta que sus caderas chocaron contra el colchón, rebotando con cada embestida, el sonido de la carne sintética golpeando la carne real llenaba el cuarto, y cuando le apreté las tetas falsas mientras le clavaba hasta el cuello del útero, empezó a balbucear cosas como 'sí, más duro, así, papi', como si de repente tuviera alma, y cuando me vine, su coño de silicona tragué cada gota, y al limpiarme, susurró '¿ya? ¡Qué rápido, cariño!', dejándome muerto de la vergüenza pero excitado como nunca.