La empresaria ruiva se deja empotrar con una polla 3D gigante
Te voy a contar cómo fue que me metí en esta locura: estaba en mi oficina, con la puerta cerrada, cuando escuché pasos afuera y supe que era él, el repartidor que siempre me mira con esa sonrisa pícara. Me mojé al instante, imaginando su polla gruesa entrando por mi culo mientras alguien podía entrar en cualquier momento. Me levanté la falda, bajé las bragas y me incliné sobre el escritorio, gimiendo en silencio para que no me escucharan. Él entró sin llamar, cerró la puerta con llave y me empotró de una estocada, su verga 3D enorme abriéndome el culo como si fuera mi primera vez. Cada embestida me hacía temblar, el sonido de su piel contra la mía ahogado por mis manos tapándome la boca. Sentía cómo su polla me llenaba hasta las pelotas, el placer mezclado con el miedo de que alguien nos descubriera. Sus gemidos eran bajos, casi susurros, mientras me agarraba de las caderas y me penetraba más profundo. En más de 11 minutos de escena, no paramos hasta que me corrí en su verga, el orgasmo sacudiéndome entera. La próxima vez, te aseguro que será en el ascensor, donde cualquiera podría pillarnos.