Este culito perfecto me vuelve loco cabalgando sin parar
La tenía en la mira desde hacía días con ese culo prieto y esas nalgas que le rebotan como si fueran de gelatina cuando camina, y hoy por fin la pillé en su casa sin sostén, solo con un tanga tan pequeño que apenas le tapaba el coño. Me acerqué por detrás sin que se diera cuenta, le agarré las caderas con fuerza y le susurré al oído que quería sentir ese culito apretándome la polla mientras me cabalgaba como una loca. Se le humedeció el coño al instante, noté cómo se le erizaba la piel cuando le pasé la mano por el culo y le apreté una nalga para sentir esa carne firme y temblorosa. Sin perder un segundo, le bajé el tanga hasta los tobillos y le escupí en el coño para que se le abriera bien, mientras ella gemía con voz de puta excitada pidiendo más. La empujé contra la pared, le metí dos dedos en el coño para probar lo mojada que estaba y luego le puse la cabeza de la polla en el culo, que ya estaba bien lubricado con sus propios jugos. No aguanté más, le agarré el culo con las dos manos y la empalé de golpe hasta el fondo, sintiendo cómo sus músculos se contraían alrededor de mi verga mientras ella gritaba que le dolía pero que no parara. Empecé a embestirla como un animal, con cada golpe sus nalgas sonaban como un aplauso húmedo y el coño le chorriaba por todos lados, pero a ella le encantaba, suplicando que la reventara más fuerte. La giré de espaldas contra la pared, le levanté una pierna para que me apretara el culo con más fuerza y seguí empotrandola sin piedad, sintiendo cómo su aliento se cortaba cada vez que le llegaba hasta el fondo. Entre gemidos y sudor, sentí que su cuerpo empezaba a temblar, sus jugos le corrían por los muslos y sus gritos se volvieron más agudos, avisándome que estaba a punto de correrse. Apreté la polla hasta el fondo y le solté una corrida caliente en el culo, mientras ella se retorcía de placer, con los pechos pegados a la pared y el coño más mojado que nunca, dejando un charco en el suelo. Cuando por fin se le pasó el temblor, se dejó caer en el suelo, agotada pero con una sonrisa de puta satisfecha, mientras yo le limpiaba los restos de corrida con la lengua, chupando cada gota que le salía del culo hasta dejarla reluciente.