La polla gigante que me hizo correrme como nunca
Esta culona latina de culo perfecto y cuerpo esbelto no podía dejar de mirarme cada vez que me veía sin camisa, sus ojitos traviesos prometían algo más que un simple saludo. Un día, mientras ella se inclinaba para recoger algo del suelo, su tanga ajustado se le metió entre las nalgas, dejando ver ese culo redondo y jugoso que tanto me volvía loco. Sin pensarlo dos veces, me acerqué por detrás, le levanté la falda y le arranqué el tanga de un tirón, dejando al descubierto su coño ya mojadito y listo para recibir. La empujé contra la pared, le bajé los jeans y le metí la polla hasta el fondo, sintiendo cómo sus paredes apretadas me envolvían con cada embestida. Ella gemía como una puta en celo, pidiendo más y más duro, mientras yo le agarraba las tetitas pequeñas y le mordía el cuello. El sonido de nuestros cuerpos chocando llenaba la habitación, y cuando ya no pude aguantar más, le solté una corrida bien cargada en su culo perfecto, dejándola temblando de placer. La miré a los ojos y supe que esto no había terminado, porque esa polla gigante y ese culazo eran solo el principio de algo mucho más caliente.