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La morena de culo gigante casi se come la verga

0:06 720P 3 Culos Grandes
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Estúdio Gibby The Clown

Thixen se agachó para recoger el vaso que Gibby había tirado al suelo de la fiesta en Miami, pero en vez de levantar la cabeza, dejó que su culo enorme le rozara la cara a ese payaso borracho que no paraba de babear. Él, con la polla ya dura como una roca y el precalentón asomando por el agujero del pantalón, no pudo resistirse y le agarró las nalgas con las dos manos para empotrarle la verga entre esos glúteos que parecían dos sandías maduras. Thixen soltó un gemido ahogado cuando sintió la punta rozarle el coño empapado, pero antes de que pudiera bajarse el tanga de lunares, Gibby la empujó contra la mesa del bar y le arrancó la tanga de un tirón, dejando al aire esa raja mojada y brillante que olía a sexo y cerveza. Ella, con los ojos brillantes de lujuria, le ordenó que le metiera la polla hasta el fondo mientras se agarraba al borde del mueble, sintiendo cómo la verga gruesa le abría el coño de par en par y le llegaba hasta el útero. Gibby, sudando como un cerdo y con la cara congestionada, empezó a embestirla con fuerza, haciendo que los vasos de la mesa temblaran cada vez que su cadera chocaba contra ese culo que rebotaba como gelatina. Thixen jadeaba sin control, con los pezones duros como piedritas y el coño chorreando por cada embestida profunda que le llegaba hasta las entrañas, mientras él le mordisqueaba el cuello y le susurraba obscenidades al oído. De pronto, un golpe seco en la puerta los hizo pararse en seco, pero Gibby, sin pensarlo dos veces, la agarró de la melena y la obligó a ponerse a cuatro patas en el suelo, donde la penetró por detrás con tanta saña que ella no pudo evitar gritar como una puta en celo. El sonido de los azotes de carne contra carne resonaba en la sala vacía, mezclado con los jadeos de ambos y el olor a sexo que inundaba el aire, hasta que Thixen, con las piernas temblando y el clítoris inflamado, se corrió gritando el nombre de ese payaso mientras su coño se contraía alrededor de la polla que la estaba reventando por dentro. Gibby no tardó en seguirla, descargando toda su leche espesa dentro de esa concha caliente que lo había vuelto loco desde el primer momento en que la vio mover ese culo de infarto frente a él.

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