Dos morenas follan al negro bien duro en trío salvaje
La polla negra enorme ya le colgaba entre las piernas cuando las dos morenas se tiraron encima como perras en celo, lamiéndole el prepucio con lenguas ansiosas mientras él gruñía y agarraba sus culos prietos. Una le clavó los dientes en el glande con un gemido sucio y la otra se tragó hasta la garganta su verga bien dura, ahogándose en saliva mientras le acariciaba los huevos peludos. Entre gemidos y resbalones de coño mojada, la más alta se subió a horcajadas sobre su cara, ahogándolo con su potorro chorreante mientras la otra se ponía a cuatro patas para que la empotrara sin piedad por detrás, sus tetas grandes rebotando como gelatina al ritmo de cada estocada brutal. Él no perdía el tiempo, le metía la polla hasta el fondo del coño empapado mientras le mordisqueaba el clítoris hinchado, haciendo que ella gritara con voz de puta descontrolada. La morena de abajo se retorcía bajo sus embestidas, sintiendo cómo su culo se abría para recibir cada porrazo, el sonido de carne contra carne llenando el cuarto mientras los tres sudaban como animales en celo. El negro, con los músculos marcados y la verga palpitante, les dio la vuelta sin aviso: una boca bien abierta para escupirle leche caliente en la cara, la otra con los muslos temblando mientras le chupaba hasta el último resto de semen del agujero. Las dos morenas se limpiaban los labios con la lengua, sus cuerpos enrojecidos y exhaustos pero con ganas de más, mientras él se recostaba satisfecho, la polla todavía goteando por los dos coños que acababa de destrozar de placer.