Padrastro me invita a viaje y me empotra en el hotel
El viaje empezó con miradas cargadas de deseo cada vez que me veía en ropa interior ajustada, pero nadie imaginó que terminaríamos follando como animales en la cama del hotel. Desde el aeropuerto, noté cómo me miraba el culo cuando me agachaba a recoger mi maleta, y en el taxi, su mano rozó mi muslo con disimulo, dejándome el coño húmedo al instante. Al llegar a la habitación, no perdimos tiempo: me desnudé frente a él, mostrando mis tetas pequeñas pero firmes y ese culo redondo que tanto le excitaba. Se bajó los pantalones y me mostró su polla gorda, lista para penetrarme sin piedad. Primero me hincó de rodillas para que le chupara esa verga gruesa, gimiendo mientras se la tragaba hasta el fondo. Luego me puso en cuatro patas y me embistió con fuerza, metiéndome los dedos en el coño mientras me follaba por detrás, sintiendo cómo su polla me llenaba por completo. Cada embestida me hacía gritar, con el culo temblando y el coño chorreando de lo excitada que estaba. Cuando ya no aguantó más, me dio la vuelta y me corrió en la cara, llenándome de leche caliente mientras jadeaba de placer. Terminamos exhaustos, pero con ganas de repetir esa follada salvaje en cada viaje.