Eula, Shenhe y Yelan: tres culos que me volvieron loco
“No deberíamos hacer esto… pero no puedo parar”, susurró Eula mientras mis manos apretaban sus nalgas perfectas. Yo ya tenía la polla dura como piedra, imaginando cómo se sentiría hundirme en ese culo prieto que me miraba con complicidad. Shenhe se mordía el labio, sus tetas rebotando mientras se inclinaba para que mi verga rozara su entrada mojada. El calor de sus cuerpos me quemaba, el olor a sexo prohibido llenando el aire. Metí un dedo en Yelan, sintiendo cómo su coño se contraía alrededor de mis nudillos, gimiendo sin control. Sabía que esto estaba mal, pero no podía resistir el deseo de empotrarme en esas tres putas que me miraban con hambre. Eula se arrodilló, chupando mi polla con ansias, sus ojos clavados en los míos mientras la tomaba del pelo. Shenhe se sentó sobre mi cara, frotando su coño en mi boca hasta que me ahogué en sus jugos. Cuando ya no aguanté más, la empujé contra la pared y le metí la verga hasta las pelotas, sintiendo cómo su culo se ajustaba a mi grosor. Cada embestida hacía que sus gemidos se volvieran más fuertes, más desesperados. Yelan se corrió primero, su cuerpo temblando mientras yo seguía follándome a Eula con furia. Cuando por fin me vine, lo hice dentro de su culo, llenándola hasta que mi leche goteó por sus muslos. La próxima vez, las haré gemir aún más fuerte.